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oct. 14

Haciendo amigas contando escalones

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Este fin de semana en una excursión a la montaña, pude vivenciar de cerca como dos niñas de 10 realizaban una monumental tarea de conteo como base para entablar una relación social de amistad.

Estas dos niñas que no se conocían mucho y que se encontraron bajando juntas una senda llena de escalones, decidieron contar juntas el número de escalones por los que fueron caminando. Esta tarea, que parece tediosa e insulsa, y que seguramente ambas habrían rechazado si hubiera sido sugerida o impuesta por un adulto externo, de pronto se convirtió en un reto de investigación científica que les sirvió como un puente común para poder socializar juntas y crear un acercamiento afectivo.

Las niñas se entregaron con pasión y riguroso método científico a su tarea, apuntando los subtotales en una libreta, contrastando cifras, y midiendo tanto a la bajada (contaron 1396 escalones), como a la subida (1526), y al no coincidir, hablaron de buscar la media, y discutieron las posibles fuentes de error.

Esta entrega al conteo no deja de sorprender a los adultos pero la verdad es que yo lo he observado en más de una ocasión, niñas y niños completamente motivados por contar el número de chapas de la colección de su amigo (hablo de más de 300 chapas!), otros afanosamente contando cuantos días han estado vivos, otros contando cromos, piezas de Lego, tapones, piedras, conchas…. Realmente es una actividad que les suele apasionar sobretodo como reto a realizar en grupo o en parejas, y sobre todo cuando se trata de una cantidad monumental.

Es interesante cuando se dan estas tareas, observar las herramientas que usa cada persona: agrupar de 10 en 10, apuntar subtotales, dejar de decir “ciento….” Y recitar solo las dos últimas cifras, hacer estimaciones previas, etc. Sobretodo también da muchas pistas sobre las cifras que cada persona maneja con comodidad y soltura y cuales no tanto.

Así que, ya sabéis, echadle imaginación y ¡a crear retos de conteo!

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  • El otro día les propuse a un grupo de niños que asisten al taller de matemáticas una tarea de investigación que consistió en lo siguiente: utilizando una tabla perforada, hice un dibujo geométrico con las bolitas de colores y les invité a que buscaran algún patrón que les pudiera ayudar a ampliar este dibujo hasta ocupar todo el tablero. Fue interesante observar que todos menos uno encontraron el mismo patrón y por lo tanto ampliaron el dibujo de la misma manera que sus compañeros. El cuarto niño sin embargo, encontró un patrón mucho más rebuscado y quizá menos lógico desde el punto de vista matemático, pero muy válido desde un punto de vista estético. De hecho, ninguno de nosotros consiguió descifrar su patrón hasta que el nos lo explicó. Esta situación en un problema de solución cerrada o única, es decir, aquellos en los que el maestro tiene una única solución en mente para el problema que plantea, hubiera llevado a nuestro cuarto estudiante a una situación de error y fracaso, con las consecuencias emocionales que esto conlleva. Sin embargo, planteado así de manera abierta, supuso una oportunidad para que él nos pudiera dejar asombrados con su original manera de abordar la investigación planteada. Seguimos la actividad buscando patrones de sumas y multiplicaciones para poder predecir las siguientes capas de los dibujos, encontrando relaciones entre unas y otras y disfrutando así del placer de descubrir como formas y números se conectan entre sí en una danza maravillosa de lógica, geometría y cálculo. Cada persona veía nuevas relaciones y patrones y juntos fuimos descifrando los enigmas matemáticos que había escondidos en los dibujos creados. Los cuatro participantes quedaron con ganas de hacer más investigaciones de este tipo y ninguno se fue sintiendo que no había sido capaz de encontrar ninguna solución
  • Cada estación trae sus propios regalos; regalos en forma de frutas y verduras frescas, de temporada. Y ( mira tú por dónde!!) resulta que nuestro cuerpo necesita justo las que la tierra nos da en ese momento...no sólo a nivel fisiológico, podríamos hablar de vitaminas y minerales...etc. Sino también emocional, también energético. Las verduras dulces, de raíz, por ejemplo nos dan calor, nos recogen, nos calman en cierta manera. También a los más pequeños. Es importante que en los platos que les sirvamos haya una buena porción de verduras dulces, equilibran mucho la energía más expansiva que tienen en el día a día ( en el cole, las extraescolares etc..) Que te sugiere esto? Ideas para combinar platos ricos y bien cargaditos de verduras?? Compartimos recetas?